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| Los Cubano-americanos y la Encuesta Contra el Embargo** |
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Mientras la nueva administración va tomando forma, una plétora de sesudas recomendaciones están disponibles para justificar prácticamente cualquier iniciativa política. Desafortunadamente, la carrera por llegar a la oreja del Presidente electo no siempre resulta en un análisis riguroso. Por ejemplo, una reciente encuesta realizada en Miami entre los cubano-americanos pretende demostrar que una mayoría de ellos favorece la eliminación del embargo al gobierno de Cuba. Se cita ahora incorrectamente esta encuesta, diciéndose que es una clara prueba de que ha habido un cambio en la actitud de los cubano-americanos. Pero esta conclusión no se ciñe a la pregunta que la encuesta hizo: “¿Favorece usted, o se opone, a que continúe el embargo de Estados Unidos a Cuba?” Quienes se oponen al embargo lo interpretan como un deseo cubano-americano de que se le ponga fin unilateralmente, incondicionalmente, sin que haya concesiones del gobierno de Cuba. Esa conclusión no puede ser legítimamente hecha basándose en la pregunta formulada. Una pregunta diferente del sondeo, por ejemplo, “¿Favorece usted el levantamiento unilateral, incondicional, del embargo, o un proceso de negociaciones que conduzcan a concesiones del gobierno cubano?”, rendiría resultados distintos. Otro ejemplo, es una sección de dos páginas y media sobre Cuba que forma parte de un reporte más amplio. La sección cubana, quizás motivada por la brevedad, parece superficial. Sus autores presentan puntos de vista como si fueran verdades indudables, sin explicar cómo han sabido lo que se alega que se sabe. Su primera recomendación, “levanten a los americanos
todas las restricciones para viajar a Cuba” es seguida por
una sola oración que alega la supuesta verdad de que “los
viajes de americanos a Cuba, permitirían una mejor comprensión,
promoverían a los pequeños negocios y proporcionarían
información al pueblo cubano”. Pero no se explica
por qué los viajes de turistas americanos diferirían de
los realizados durante muchas décadas por turistas canadiense
o de otras nacionalidades que han visitado Cuba sin facilitar la apertura
de una transición. Otra recomendación busca “eliminar restricciones y apunta a las restricciones en el envío de dinero”. Entonces ofrece una sola oración explicativa: “Estas medidas financieras ayudarían a poner recursos directamente en manos del cubano común, dándole poderes, mejorando su estándar de vida y reduciendo su dependencia en el Estado”. Uno pudiera demandar por razones humanitarias el fin de las restricciones sobre las remisiones monetarias. Sin embargo, un análisis inteligente necesita subrayar que esto entregaría recursos monetarios duros al régimen cubano. Aunque este costo político merece cuidadoso estudio, la racionalización mencionada arriba sugiere que el Estado podría ser burlado. Pero en el sistema económico de Cuba, donde el Estado controla prácticamente toda la producción, el poder adquisitivo que proporcionan esas remisiones fluye directamente al Estado. Otro problema es que no se diferencia entre “lo que se sabe” y “cómo se sabe”. Frecuentemente los reportes empiezan repudiando la política de Estados Unidos con Cuba diciendo que no ha podido cambiar al régimen cubano. Esta es una afirmación tipo de “lo que se sabe”. Pero esto no explica, sin embargo, que otra política alternativa exige conocimiento para cambiar al régimen cubano. Calificar de fracaso un método no da automáticamente base alguna de verdad para llegar a una alternativa efectiva. Esto no es alegar un enfoque de status quo para la política de Estados Unidos con Cuba. Repensar la estrategia no es sinónimo de apostasía. No obstante, perturba leer reportes de recomendaciones políticas en relación con Cuba, que guardan silencio sobre los prisioneros políticos, las libertades civiles y los derechos políticos del pueblo cubano. Uno se pregunta si los autores de esos estudios comprenden la naturaleza del gobierno de cuba y la ignoran para depender más bien en alguna inexplicada teoría de cambio, o si optan por la solución faustiana de pactar con el demonio. _______________________________________ *José Azel es analista investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami. Azel ha sido profesor adjunto de negocio internacional en la Escuela de Administración Empresarial de la Universidad de Miami. Además posee títulos de subgraduado y licenciatura en administración empresarial y un doctorado de la Universidad de Miami. _______________________________________ _______________________________________ Traducción de este resumen analítico por Ramón G. Cotta para la Oficina de Transmisiones a Cuba de Radio Marti. |