Servicio Informativo del Proyecto Sobre la Transición en Cuba (CTP)
Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos
Universidad de Miami

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Numéro 105

 

 


Jaime Suchlicki*

 

La visita del General Raúl Castro a Rusia

 

El 28 de enero, Raúl Castro llegó a Moscú para una visita de una semana. Esta es la primera vez que el menor de los Castro visita Rusia desde 1984, en esta ocasión como jefe del Estado cubano. Los únicos dos viajes anteriores al extranjero de Raúl desde que asumió el poder en julio del 2006 han sido a Venezuela y Brasil.

Los objetivos de Cuba en la renovación y expansión de sus relaciones con Rusia son obvios. Rusia es un ex aliado e importante jugador internacional, con un escaño en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Cuba necesita desesperadamente toda la ayuda y todos los créditos extranjeros que sea capaz de obtener. Rusia ha sido un tradicional suministrador de armas y piezas de repuesto para Cuba, y el General Castro está interesado en modernizar sus fuerzas armadas.

Luego está el petróleo. La continua dependencia cubana del crudo venezolano es motivo de preocupación para Raúl y sus militares. La experiencia de 1989, cuando los subsidios petroleros soviéticos comenzaron a secarse, y Cuba se vio obligada a pagar en efectivo para cubrir sus necesidades energéticas, todavía está fresca en las mentes de los gobernantes de la isla. Un cambio de líder en Venezuela podría volver a producir una situación similar. En el último año Raúl se ha movido rápidamente a ampliar las relaciones con Irán, Angola, Brasil y Rusia, todos importantes productores de petróleo. Ninguno de estos países emularía con Venezuela en el suministro a Cuba de 92,000 barriles diarios, a créditos que la isla nunca podrá amortizar. Pero sí podrían proveer cantidades subsidiadas de crudo, y quizás créditos que le permitirían a la isla ajustarse a una nueva realidad si la generosidad venezolana se esfumara.

Descifrar los motivos de Rusia es un poco más complicado. Los rusos desean utilizar a Cuba para presionar a Estados Unidos con relación al despliegue de un escudo antinuclear en Europa del Este. Putin podría estar interesado en extender y reafirmar el poderío y la influencia de Rusia, como lo evidencia la reciente visita de naves de guerra rusas a Venezuela y Cuba. Moscú también podría desear mostrar su gratitud a los estados que respaldan sus posiciones en el escenario mundial, en especial la anexión de Osetia del Sur y Abjasia. El gobierno de Cuba ha manifestado su solidaridad hacia la política exterior rusa, y ha apoyado su agresión militar.

A los rusos también les preocupa la deuda cubana de la era soviética, ascendente a más de 20 mil millones de dólares. Les gustaría encontrar una forma de recuperar parte de esos adeudos, o cambiarlos por participación en algún proyecto en Cuba. En 1990 visité Moscú, invitado por el gobierno ruso. Una de las principales preocupaciones allá era qué iba a pasar con la deuda cubana. Mi respuesta de entonces aún es válida hoy: “Olvídenlo. Castro no acostumbra pagar sus deudas”.

Pero los rusos podrían tener otro objetivo más ominoso en Cuba. Durante la era soviética construyeron una sofisticada instalación electrónica cerca de La Habana para espiar las comunicaciones militares, civiles e industriales de Estados Unidos. Robar secretos tecnológicos a los americanos sale más barato que invertir fondos y dedicar años a las investigaciones y desarrollo de nuevos productos. La base de Lourdes fue desmantelada en 2002 ante la insistencia del gobierno de Estados Unidos. Es posible que ahora, bajo el disfraz de una estación de rastreo espacial, el Kremlin aspire a restaurar esa capacidad en la isla. El asunto fue discutido con los líderes rusos que visitaron Cuba el año pasado, y nuevamente a fines de enero pasado.

El desarrollo de tal instalación aportaría a los rusos un importante y cercano puesto de escucha. Ello reforzaría su poderío bélico, ya que el enclave probablemente tendría capacidad de guerra cibernética y ampliaría las posibilidades del espionaje ruso en Estados Unidos.

A pesar de la buena voluntad de la nueva administración estadounidense, antiguas alianzas, así como intereses y objetivos nacionales, parecen tomar precedencia sobre las buenas relaciones con Washington. Puede que la Guerra Fría haya terminado; no así las ambiciones nacionalistas y expansionistas de Rusia.

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*Jaime Suchlicki es catedrático Emilio Bacardi Moreau y director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami. Es autor del libro Cuba: From Columbus to Castro y el recientemente publicado libro Breve Historia de Cuba.