Servicio Informativo del Proyecto Sobre la Transición en Cuba (CTP)
Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos
Universidad de Miami

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Número 83
enero 8, 2007

 

 

Jaime Suchlicki*

¿Habrá cambios con Raúl?

 

La visita que hizo a Cuba en diciembre una delegación del Congreso de los Estados Unidos, con Jeff Flake ( R ) y William Delahunt ( D ) a la cabeza, produjo escasos resultados. Da la impresión de que algunos miembros del Congreso están ansiosos de comenzar un proceso de normalización de las relaciones con Cuba, especialmente a raíz de la reciente enfermedad de Fidel Castro. Persiste la creencia de que las consideraciones económicas podrían influir en las decisiones políticas de Raúl Castro, y que la difícil situación económica que atraviesa el pueblo de Cuba forzaría al nuevo líder cubano a implementar una economía de mercado y vínculos más estrechos con los Estados Unidos.

Da la impresión de que al tratar de entender otras sociedades, y las motivaciones de sus líderes, nos aferramos a un determinismo económico que está ya pasado de moda. A pesar de las dificultades económicas, Raúl Castro no esta dispuesto a proporcionar concesiones significativas e irreversibles, que permitirían una normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Puede ser que brinde más bienes de consumo y más comida a la población cubana para tranquilizarla, pero no realizará las reformas estructurales que permitirían la apertura de la economía cubana. En Cuba son las consideraciones políticas las que dictan las decisiones económicas.

La legitimidad de Raúl se fundamenta en su cercanía a las políticas de centralización económica, control y oposición a los Estados Unidos sustentadas por su hermano. Raúl no puede ahora rechazar el legado de Fidel para acercarse a los Estados Unidos. Una movida en este sentido estaría sembrada de peligros. Generaría incertidumbre entre las élites que gobiernan la isla, y aumentarían la inestabilidad, porque algunos propondrían un cambio rápido, mientras que otros se aferrarían a políticas más ortodoxas. La población cubana podría ver esto como una oportunidad para movilizarse y exigir reformas más rápidas.

Raúl tampoco desea abandonar el apoyo y la colaboración cercana de países como Venezuela, China, Irán y Rusia, para favorecer una relación incierta con los Estados Unidos. En un momento en que el antiamericanismo está creciendo en Latinoamérica y en otras partes del mundo, es probable que las políticas de Raúl se mantengan más cercanas a los regímenes que no son particularmente amistosos hacia los Estados Unidos, y de los que Cuba obtiene ayuda generosa, con muy pocas condiciones. En septiembre, Rusia proporcionó a Cuba un paquete de créditos de $350 millones, para la modernización de las fuerzas armadas. Por su parte, la ayuda de Venezuela a Cuba sobrepasó los $2 billones en 2006.

Raúl no es ningún Deng Xiaoping y no es amigo de los Estados Unidos. Ha sido el Ministro de Defensa de más larga duración en su cargo (47 años). Ha supervisado los peores períodos de represión política y centralización económica en Cuba, y es responsable por numerosas ejecuciones realizadas cuando él y su hermano asumieron el poder, y otras mientras vivía en México y en la Sierra Maestra, antes de llegar al poder. Raúl ha sido un seguidor fiel de las políticas antinorteamericanas de Fidel y de las intervenciones militares en África y en otros países. En 1962 conspiró con Nikita Kruschchev para introducir subrepticiamente cohetes nucleares en Cuba. También estuvo a cargo de supervisar el Departamento Américas en Cuba, brindando apoyo a los grupos guerrilleros, terroristas y revolucionarios en toda América Latina. En 1996 ordenó personalmente el derribo de dos avionetas civiles no armadas de Hermanos al Rescate, ataque en el que murieron tres ciudadanos norteamericanos y un cubano-americano residente en la Florida. Como ferviente admirador de las Fuerzas Armadas Soviéticas, exhibe fotografías de líderes militares rusos en su oficina en La Habana.

Su discurso del 2 de diciembre, en el que expresó su disposición de negociar con los Estados Unidos, fue motivado por consideraciones políticas y estuvo precedido por un ataque vitriólico contra la política exterior norteamericana, y seguido por las afirmaciones –reiteradas tradicionalmente- de que Cuba es soberana y que la revolución no cambiará. Son las mismas afirmaciones que Fidel Castro ha estado haciendo durante las últimas cuatro décadas.

La propuesta de Raúl fue dirigida principalmente a los europeos y especialmente al nuevo Congreso de Estados Unidos. Raúl espera que este año Estados Unidos haga unilateralmente concesiones sobre el embargo y la prohibición de los viajes, y se permitió despreciar a la delegación congresional, negándose a reunirse con ella. En una de sus raras intervenciones públicas hace dos años, Raúl advirtió a Estados Unidos que deberían negociar sus diferencias con Cuba en vida de Fidel, ya que “sería más difícil para los norteamericanos negociar con él”.

Durante las últimas cuatro décadas, las vías de negociaciones entre Cuba y Estados Unidos nunca han estado cerradas. Estados Unidos ha firmado con Cuba acuerdos contra secuestros aéreos y acuerdos migratorios. Sin embargo, solo negociaciones no son suficientes. Tiene que existir una voluntad, por parte del liderazgo cubano, de ofrecer concesiones reales –en el área de derechos humanos, y apertura política y económica- para que los Estados Unidos cambie sus disposiciones hacia Cuba. Ningún país abandona sus políticas sin recibir a cambio algo sustancial. Sólo cuando Raúl esté dispuesto a ofrecer cambios reales, no solamente a los Estados Unidos, sino sobre todo al pueblo cubano, entonces y sólo entonces podemos empezar a negociar seriamente.


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*Jaime Suchlicki ocupa la cátedra Emilio Bacardi Moreau, y es profesor de historia y Director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, de la Universidad de Miami. Es autor del recién publicado libro Breve Historia de Cuba.